A veces me detengo a pensarlo…
¿Qué pasaría si los jóvenes agricultores vieran aquí, en Extremadura, una oportunidad? Si, en vez de irse, decidieran quedarse para construir algo con sentido, en su propia tierra.
Imagínalo.
Jóvenes con ideas nuevas, trabajando codo a codo con quienes llevan toda la vida sacando adelante este campo. Aprendiendo de su experiencia, de su sabiduría. Dándole continuidad a un esfuerzo que merece todo el reconocimiento.
Esa mezcla de energía joven y conocimiento de siempre puede dar luz y camino al futuro de nuestras cooperativas.
Pero para que eso ocurra, hace falta algo más:
Que el cooperativismo vuelva a ilusionar.
Que se vea como un proyecto vivo, donde se puede crecer, compartir y sentirse parte de algo que merece la pena.
Ya, Alberto, ¿Y cómo se logra eso?
En parte, comunicando.
Contando bien quiénes somos, qué hacemos y por qué lo que hacemos importa.
Porque lo que se conoce, se valora.
Solo así lograremos que, dentro y fuera de Extremadura, se vea al campo como realmente es, sabio, valiente, generoso y lleno de posibilidades.
Ese es mi compromiso cada día. Darle voz al campo extremeño, contar su verdad con respeto y emoción para que los jóvenes vean que aquí también hay futuro, y los mayores sientan que todo su camino ha valido la pena.
El campo no solo produce. También comunica. Y ahí, justamente ahí, está nuestra gran oportunidad.
